Mª CONSOLACION CUESTA RODRIGUEZ

NARRADORA DE RELATOS CORTOS (Cantabria)
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NOVEDADES
DÍAS DE OTOÑO

 
YA TIENE UNO (subir)
Me acerqué a mi librería habitual en busca de "Gramática de la Fantasía" de Rodari, libro que me han recomendado.
Mientras esperaba mi turno, y aficionada como soy a leer todo lo que alcanzan a ver mis ojos, incluida la complicada literatura de los medicamentos, me fijé que sobre una columna, había frases famosas, que no voy a repetir porque todo el mundo las conoce. Me llamó la atención una historieta o chiste, no sé cómo llamarlo. Venía a decir, más o menos, así:
Se encontraron dos amigas que iban de compras. Una de ellas, nueva rica, le dijo a la otra, después de los saludos de rigor:
- Carmencita, no sé qué comprarle a mi marido por su cumpleaños. ¡Tiene de todo, de todo, de todo!.Estoy cansada de dar vueltas, y no encuentro nada que no tenga...
- Pues cómprale un libro - . Le recomendó la amiga.
- Ya tiene uno - , respondió la nueva rica.

 
LOS PENDIENTES DE CARLA (subir)
Abrí la puerta del ascensor a mi vecina porque tenía ocupadas las dos manos con la memoria del ordenador. Mi vecina es una jovencita moderna y simpática que, a fuerza de ser original, se ha colgado en las orejas dos imperdibles enormes. Mi vecina vive en el tercero y se llama Carla, y cuando le pregunté: ¿ qué te dice tu madre de tus pendientes? Con su habitual simpatía me contestó: "De todo... me dice de todo, Mary".
De todo me decía a mí, tía Lena, cuando hace ya un montón de años, yo tenía diez, me quitaba de mis orejas dos aritos diminutos de oro, regalo de no sé quién, y me colgaba dos alambres, una en cada oreja, con unas enormes bolas negras de azabache del único collar que ella tenía, y yo le rompí.

 
EL HOMBRECITO AZUL (subir)
Apenas en el reloj del salón habían sonado las cinco campanadas de aquella soleada tarde del mes de Mayo, cuando sonó el teléfono:
_Mamá, tengo una sorpresa para ti. ¡Ven lo antes que puedas!
_Pero, vamos a ver hija: ¿ es tan importante que no puedes esperar a mañana?
_Importante lo es, y mucho. Esperar a mañana, puedes, claro que sí. Pero si te dijera de qué se trata, vendrías volando, mamá.
_¿Me puedes adelantar algo?
_No, mejor no. Dejaría de ser sorpresa si te lo dijera.¡Anda, ven!
Me arreglé a toda prisa y en poco más de una hora estaba franqueando la puerta del jardín de su casa.
Me condujo hasta la parte trasera de la casa y me señaló en dirección a un arbolillo, donde descubrí un hombrecito azul, vestido de rojo, con zapatos muy grandes y puntiagudos, y gorro del que pendía un pompón por debajo de su cintura, también rojos. Su carita era preciosa. Tenía unos ojos negros enormes y una naricilla diminuta.
_¡Es tu nieto, mamá!
_¡Joder! ¡Tal fue mi asombro que el taco se me escapó! ¿Mi nieto? Pero, ¡qué dices, hija! ¡Es un Pitufo! Hace ya tiempo los vi en la televisión. Me encantaban, pero tanto como para ser nieto mío...
_Pues ahora los dan en adopción. ¡Y no veas lo que nos ha costado!...No creas que ha sido fácil...Ha llegado hoy. Debió aterrizar en un arco iris que hemos visto hace unos minutos. Estaba en el jardín.
No salía de mi asombro. Pero debo confesar que empecé a ilusionarme con él. Era una monada. Me parecía un pequeño extraterrestre. Se movía de un sitio para otro sin parar.
_No veas cómo juega al fútbol, mamá. Ya ha colado,de dos patadas, sendos balones en el jardín de los vecinos. Jordi, está encantado. Porque podrá jugar con él...
_Y ¿qué come, hija?_ Desde que lo vi, me angustiaba la idea, de que siendo raro, como era, tan azul y tan diferente, tal vez comiera cosas de las que no dispondríamos aquí. Y entonces, ¿qué haríamos?
_No te preocupes, mamá. Come de todo. Como nosotros a la mesa. Éste ya está criado. Es pequeño de estatura, pero es adulto...¡No veas cómo se sube a los árboles...!
Confieso que no era esto lo que yo esperaba. Pero si ellos estaban contentos, y parecía que lo estaban, ¿quién era yo para meterme en sus decisiones?
Había una pregunta que estaba pugnando por salir. No me atrevía, por si les molestaba que la hiciera. Pero no me podía quedar con la duda, porque no me dejaría dormir... _Me prometísteis una chinita de Pekin, hija.¿Por qué habéis cambiado? Yo estaba ilusionada con una niña...
_No hemos cambiado, mamá. Esa niña vendrá en su momento. No te preocupes tendrás una nieta china, también.
Debo confesar que sentí una desilusión tremenda cuando me desperté y me di cuenta de que lo del hombrecito azul había sido sólo un sueño...

 
INCULTURA TORERA (subir)
Eran las seis de la tarde de un caluroso mes de Agosto. En el coso taurino un hombre y un toro se medían las fuerzas frente a frente. Un sol implacable amenazaba con derretir la sesera de los espectadores que llenaban la plaza. A los incondicionales del arte de Cúchares no les gustará lo que voy a decir: ¡No soporto las corridas de toros ! La imagen majestuosa y potente del magnífico animal, humillado, maltratado y herido por unas banderillas de hierro que tiñen de rojo su lomo, me causan angustia.
El torero estuvo regular con la muleta y mal con la espada. La plaza en pie lo increpaba. Tuvo mala suerte aquella tarde. De la mala suerte del toro nadie habla. .
Ya en la habitación del hotel, después de la corrida, el matador recibe una llamada telefónica,
_¿Diga?
_Soy Juan, el locutor de Radio Zoquete. ¿Qué tal se le ha dado la tarde, maestro?
_¡Hombre, amigo Juan, dezpuez del fracazo que he tenido en el ruedo, nada mejor que la llamada de un buen amigo...
_Pero, ¿tan mal te ha ido? Casi me cuesta creerlo...
_Puez, zí, zí. He eztado fatal.
_Maestro, lo siento. Aquí me tienes a tu disposición. Cuando estés en un brete, cuenta conmigo.
_Graciaz amigo, como tú bien zabes hoy he toreado en Zantander. Pero cuando toree en Umbrete te lo comunicaré...

 
MAMÁ LOBA (subir)
Aquella mañana del recién estrenado febrerillo el loco, nevaba en silencio, sin parar. Medio metro de nieve cubría el suelo. Me gustaba pensar que duendecillos traviesos habían extendido un manto de diamantes fríos y resplandecientes. No sé qué tiene la nieve que me fascina. Me aterroriza el agua turbulenta destructora imparable. La nieve, en cambio, siendo agua, como es, cae lenta tranquila silenciosa. Es un buen sedante de las almas...
No sabía cómo llegar a la Escuela Pública, situada en una aldea a mil quinientos metros de mi casa, donde me esperarían una veintena de chicos bulliciosos que estoy segura que estarían entregados a su deporte favorito: patinaje sobre el hielo a la vez que pelena a bolazo limpio, ellos. Ellas, más tranquilas, esculpirían con nieve bien trabajada, un gigantesco muñeco blanco con nariz de zanahoria, con ojos castaños y una cálida bufanda de lana roja. Durará mientras las nubes oculten al sol. Después desaparecerá y nos quedará de recuerdo de su breve estancia entre nosotros: su nariz roja, las castañas de sus ojos y una bufanda roja...
Me calcé unas botas hasta las rodillas, un chaquetón de cuero, una bufanda y unos guantes, para atravesar los casi cincuenta centímetros de nieve que lo cubrían todo. Caminaba con mucha dificultad. Me hundía hasta las rodillas y no había ni un solo ser humano. Tuve miedo. Imponían el silencio y la soledad blanca, infinita...
En la basta llanura donde sólo los árboles, situados a ambos lados, me indicaban que caminaba por la pista a modo de carretera que recorría cada mañana para acudir a mi trabajo, distinguí dos bultos grises que se destacaban bien sobre la blancura inmaculada de la nieve. A medida que me acercaba, distinguí un cachorro de perro gris y blanco con otro más grande en los mismos tonos, que me parecieron madre e hijo. Permanecieron quietos mirándome con la fijeza de sus ojos grises, clarísimos, fríos, muy fríos. No sé por qué me estremecí. Continué sin mirar para atrás...
Apenas había andado unos metros oí voces: ¡el lobo!¡ Al lobo! ¡ A por él!
Varios hombres del pueblo al que yo me dirigía corrían por la nieve todo lo que sus fuerzas y la gruesa capa de nieve les permitía. Portaban escopetas de caza. Volví la vista en dirección donde estaban los cánidos. Habían desaparecido... Mejor_pensé_. Estos se los van a cargar. ¡Pobres lobos! Ellos sólo quieren comer. Están hambrientos. Deberían alimentarlos. No deben desaparecer.
Unos días más tarde me enteré que un grupo de cazadores del pueblo habían recorrido las calles mostrando, a modo de trofeo, una loba y un lobezno, muertos a tiros, colgando por las patas, entre la algarabía y los parabienes del pueblo, que aplaudía a su paso....Yo me sentí triste. Eran dos preciosos ejemplares que tenían todo el derecho a seguir viviendo...

 
MAMÁ OSA (subir)
Hoy un desalmado ha matado a mamá Osa. Vivía con su precioso osezno libre y feliz en el Pirineo. Era la única osa fértil que quedaba por aquellos lares. Tal vez. tan solo unos pocos nos hayamos sentido tristes por la noticia. Su bebé oso vagará por los senderos del bosque y los matorrales. Se asomará a las quebradas y desfiladeros llamándola desesperadamente. Sentirá frío en su alma de osezno. Pensará, si los osos pìensan, que su mamá lo abandonó. Se sentirá triste. Tal vez sus ojos de osito llorarán lágrimas saladas....
Recuerdo aquel Oso grandote que recorría los pueblos de la Vega de Río Grande, haciendo las delicias de mayores y chicos, dando infinitas vueltas sobre sí mismo, a la voz ininteligible de un húngaro con cara de pocos amigos. Parecía un gigantesco peluche que funcionase con pilas. Era de verdad. Era la vara del ser humano, quién lo mantenía girando. Recuerdo, como si lo estuviera viendo, la cara tristona de aquel oso domesticado y solitario, apartado de su hábitat y obligado a vivir en cautividad.
Hoy me siento mal porque un desalmado ser ¿humano...?, no creo que merezca este calificativo, ha matado a mamá Osa...Me gustaría preguntarte, matador, ¿cómo te sientes después de lo que has hecho...?

 
POBBY (subir)
Aquella mañana soleada de no sé exactamente qué mes, me despertó algo parecido a un ruido de alas de pájaro.Levante la persiana y en un rinconcito de mi jardinera había dos palomas, una de ellas, no sé si el macho, o la hembra, estaba incubando un par de huevecillos, del que saldrían dos polluelos de paloma. Primero pensé arrojar los huevos a la basura, pero enseguida pensé que les daría la oportunidad de terminar su procreación y les dejaría que aprendieran a volar. En ese momento terminaría mi hospitalidad. Esto no sería popular entre mis vecinos, porque, según ellos, los excrementos de paloma perjudican gravemete a los materiales de construcción de los inmuebles, y sólo desean su exterminio...
Después de unas cortas vacaciones fuera de mi Ciudad, lo que menos pensé encontrarme cuando levanté la persiana de mi ventana, era aquel pájaro entre paloma y no sé qué más, que me produjo como una especie de susto sorpresa. Hice ademán de espantarlo y sólo se movió hacia otro lugar del metro cuadrado de la jardinera. Como no soy entendida en ornitología pensé: seguramente estará algo más retrasado.
O tal vez le hubiera cogido cariño al lugar donde nació y se fuera más tarde. Decidí esperar un día más y, si no se iba, yo misma lo espantaría. El polluelo paloma, fue creciendo y se convirtió en un pajarraco entre cuervo y pichón, que me miraba fíjamente con sus ojillos redondos, como minúsculos agujerillos negros, que me producían entre aprensión y desasosiego. Vamos que su presencia me tenía algo inquieta y confundida... Abría mi ventana y allí estaba él, o ella. Regaba mis flores y allí seguía. Me sentaba a leer y allí estaban aquellos minúsculos puntos negros de sus ojos mirándome y mirándome... Decidi que había llegado el momento de que desalojara el habitáculo, pero no hizo aemán de levantar el vuelo, porque, sencillamente, no tenía alas. La Naturaleza, selectiva y cruel, le había incluido entre sus renglones torcidos... Si lo empujaba hacia abajo, se estrellaría contra el suelo y moriría, o peor todavía, quedaría malherido. Si decidía cuidarlo mientras viviera, quizás sólo alargaría su agonía de pájaro minusválido. Y decidí adoptarlo. Su pico, poco a poco, tomó forma de aspa, por lo que comer se le hizo casi imposible. Decidí prepararle cada día una papilla de harina integral y agua. De esta forma engullía los nutrientes necesarios. Nos hicimos el uno al otro. Yo, era el único ser vivo que le miraba con ternura, después de que sus padres lo abandonaran. Cuando leía cerca de la ventana abierta para que no se sintiera solo, él, en cuclillas, se colocaba lo más próximo que podía a mí, y sus minúsculos círculos oscuros de sus ojillos me miraban, siguiendo cualquier movimiento que yo hacía. Era tan limpio que dejaba caer sus escrementos al suelo. Nunca manchaba la jardinera. Así pasaron tres meses. Temía que llegara el frío. ¿Qué haría con Pobby?, ése era su nombre. Catty, mi gata y Ciro, mi perro, no aceptarían su presencia dentro de casa. Buscaría alguna solución llegado el momento...
Una mañana, a mediados de aquel otoño dorado y apacible, cuando abrí la ventana para ponerle su papilla me di cuenta de que ´su cuerpecillo deforme, yacía roto entre las flores multicolores de mis geranios. Sus ojillos redondos de pájaro triste seguían mirándome desde el más allá. Y lloré. Sí, lloré con toda mi alma. Le tenía un cariño muy especial. Decidí que allí había vivido y allí sería enterrado, entre las flores de los geranios de mi jardinera.

 
PRIMAVERAS SIN MARIPOSAS (subir)
Aquella luminosa mañana de primavera el clavel blanco esperó en vano a la mariposa azul. Y la siguió esperando al caer la tarde, cuando el sol jugaba al escondite con el horizonte, allá en la lejana montaña. Sentía la ausencia de las leves caricias de su cuerpo y sus inmensas alas de color turquesa. Sus pétalos perfumados se teñían de azul en contacto con la mariposa y él le ofrecía su néctar que ella absorvía con fruición. Los pétalos del clavel permanecían lozanos, preciosos, moteados de azul hasta que la brisa, envidiosa de su felicidad, aventaba las diminutas y brillantes escamas azules. Pasaron más amaneceres y más atardeceres y la hermosa mariposa azul no volvió.
La vida de las flores y las mariposas es breve, muy breve. Pero el clavel de nuestra pequeña historia langudeció de tristeza antes de consumir su corto tiempo de existencia, y bajo el peso de las gotas de rocío se desprendió de su tallo, y cayó al suelo del jardín cuando la noche ya había extendido su manto de sombras.
Mientras, la mariposa de alas color turquesa agonizaba lentamente entre otras muchas compañeras que, como ella, morían ensartadas por el alfiler que les impedía ser libres, en casa del coleccionista que les había dado caza. Lo último que vieron los ojos redondos, como dos diminutas bolitas negras, de la mariposa azul, fueron los pétalos blancos de su clavel...
Van pasando los años. Los entomólogos advierten, no sin preocupación, que cada primavera van desapareciendo varias especies de mariposas. Que no pasarán muchas, antes de que estos preciosos lepidópteros desaparezcan de la faz de la tierra. Que si no se pone remedio, las futuras generaciones se perderán el espectáculo único del vals de las marioposas sobre las flores que llenan los campos. Tal vez tampoco haya flores. Las primaveras sin mariposas y sin flores, no parecerán primaveras...

 
EL PESCADOR (subir)
El viejo pescador contemplaba nostálgico su viejo barco azul, recién pintado, que varado en la playa aguantaba inmóvil las embestidas del mar cuando se mostraba bravío. Asomado a la ventana de su casita de la colina, situada frente al mar, contemplaba amorosamente aquel barco con el que compartió su soledad de pescador durante toda su vida. En uno de sus costados podía leerse un nombre corto Mariola, formado por mar y ola. Así se llamaba la embarcación. Con ella había surcado mares, algunos lejanos, en busca del pescado que sería durante toda su vida el sustento de su familia.
Un día se dio cuenta que ya le resultaba difícil, casi imposible, capear los temporales, liberar la embarcación cuando encallaba en los arrecifes, izar las redes ahítas de peces. Y entonces pensó que tal vez había llegado el momento de dedicarse a su esposa e hijos, a los que no habia dedicado el tiempo que hubiera querido...
Un día su esposa se fue para siempre y él se quedó solo. Eligió un lugar cerquita de la ventana en la casa de la colina y allí se instaló para contemplar su barca pintada de azul, las montañas de espuma que formaban las olas gigantescas, la suavidad de un mar en calma pintado de tonos naranjas, y aquel horizonte lejano, al que hubiera querido llegar y no le fue posible, porque él se alejaba más y más, a medida que su barca se acercaba....
Siempre pendiente de un teléfono mudo, que casi nunca sonaba. De la esperada visita que nunca llegaba, decidió que era el momento de hacer algo que llevaba mucho tiempo madurando.
El viejo pescador recogió la foto de sus hijos y de su mujer. Descendió por el sendero de la colina, con paso lento, hasta alcanzar la playa. Llegó hasta su barco, que a finales de aquel verano había vuelto a pintar de azul. Con ayuda de otros pescadores jóvenes que le echaron una mano, llevaron al Mariola mar adentro... Pronto su barco y él fueron un punto lejano camino de ese horizonte infinito al que nunca antes había conseguido llegar. No se volvió a saber nada del viejo pescador.
Debo aclarar que la historia no la he inventado yo. No recuerdo si me la contaron o la leí. Sólamente me he limitado a transcribirla.

 
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